Todos somos iguales bajo una bata de hospital

A nadie nos gusta ir al hospital, mucho menos las batas con una abertura atrás. La Carreta por Eréndira Córdoba

En días recientes, hemos visto episodios de arrebatos de ira, poca tolerancia a la frustración y el estrés a lo que da, pareciera que somos una olla exprés al punto de reventar.

El tener la fortuna de gozar de una buena salud, sin lugar a dudas, es algo que poco valoramos, hasta que la perdemos, en ocasiones, pareciera que nos empeñamos a que el estado de bienestar nos abandone, comiendo mal, a deshoras, descuidando los tiempos de sueño, consumir alimentos y bebidas que nos hacen daño, el no cuidar nuestras emociones y no dominar nuestras preocupaciones, en fin, esta lista es interminable.

Nos creemos super poderosos al grado tal que cuando carecemos de salud, simplemente nos convertimos en las personas más vulnerables y débiles del mundo.

Lo peor viene cuando los médicos te piden ponerte la bata de hospital, allí es cuando perdemos todo, en ese pasaje no hay Licenciados, Profesores ni Directores, en resumen, se pierden todos los títulos con los que transitamos como superman por la vida.

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Luego, llega la gran mentira «un pequeño piquetito señora» y no nada de pequeño tiene eso, duele hasta la médula, si, entendemos que es por nuestro bien, por un lado ansiamos que nos atiendan, pero cuando pasan las horas, lo que más se quiere es salir de allí.

El hecho de portar una bata de hospital, te hace una persona privilegiada, si, justamente eso, ya que con el sistema de salud de nuestro país, pues es bien sabido que mucha gente no recibe la atención médica básica que le corresponde.

La bata de hospital hasta cierto punto es mágica, te hace valorar el estar afuera, invita a añorar a tus familiares y amigos, te cambia la perspectiva de tu propia vida.

Lo mejor viene cuando pensabas que estabas super enfermo y resulta que no, que siempre hay alguien más dañado que tu, pareciera una competencia, en la que te enteras de los padecimientos de los demás y cada que internan a alguien, viene la frase «no, pues este si que está muy mal».

Como en todo, es cuestión de actitud, el verte en esa posición tan vulnerable te arrastra hasta el fondo y sin poder hablar con tus seres queridos te sobaja o también te hace sacar lo mejor de ti.

Hay estudios de especialistas en relaciones humanas que te sugieren situaciones o lugares donde puedes conocer gente, pero ninguno te menciona un hospital y que tu atuendo especial deba ser una bata de nosocomio, ¿Quién lo podría imaginar?

Puedes entablar una pequeña plática con el paciente que está  tu lado, así nada más, sin críticas ni cuidando el qué dirán, conoces al taxista y comparte sus historias, a la maestra de aeróbicos que se queja de sus alumnos, al vendedor que habla mal de su jefe, incluso algunos se vuelven cómplices para pasarte comida o cambiar su turno de ir al baño.

De todas las vivencias podemos sacar el lado positivo, incluso con una bata de hospital. Como dicen, cada quien platica su historia como le fue en la feria. Lamentablemente hay quienes no pueden salir a contarla.

 

 

Eréndira

La Carreta por Eréndira Córdoba

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