López y el petróleo

El increíble paralelismo entre dos presidentes López y su relación con el petróleo, por: Ángel Dorrego

López creció viendo cómo México había alcanzado cierto grado de desarrollo a través del petróleo. La nacionalización del precioso insumo le permitió al gobierno mexicano tener capital para invertir, con lo que se industrializó al país con el respectivo crecimiento económico esperado. La mayor parte del ingreso de la nación venía del combustible fósil, lo que permitía mantener un gasto público amplio que se reflejó en la expansión de servicios públicos. Por otra parte, esto proceso también terminó incluyendo clientelismo (fenómeno en el cual un gobierno otorga un beneficio directo a cambio de apoyo político) y mucha, mucha corrupción. Si bien la corrupción era latente, se notaba más en las malas rachas; ya que, ante las desaceleraciones y pérdidas, los funcionarios del gobierno y asociados a la empresa petrolera mexicana no bajaban su ritmo de lujo.

López entendía esto y quería hacer algo al respecto. Siempre le gustó la política y era un destacado orador. Para su fortuna, logró ser presidente de la república a pesar de que, en algún momento, pocos apostaran por él. Con la oportunidad en las manos, se lanzó presto a llevar a México a un nuevo nivel, y explícitamente dictaminó que el petróleo sería la palanca para el desarrollo de nuestro país. El plan era simple: invertir las recientes ganancias del sector petrolero en modernizar la empresa petrolera mexicana para que lograra los niveles de producción que se viesen reflejados en mejoras en salud, educación, vivienda y bienestar social. Incluso ya se había comenzado a gastar en algunos de estos beneficios.

Pero hasta los planes más simples se ven torcidos por el peligroso salto de la teoría a la práctica. Para invertir de verdad, existen dos opciones: endeudarse o gastar todos los ahorros. Ambas llevan al mismo lugar, aunque sabemos cuál eligió el presidente; porque para que la inversión sea sustentable, se necesita que se presupueste correctamente lo que se puede pagar, ya que si se hacen cuentas alegres los compromisos económicos pueden superar la capacidad de pago. Mientras tanto, las inversiones en infraestructura, como suele suceder, tardaban más de lo esperado y estaban saliendo más caras de los presupuestado; pero lo prioritario del asunto hizo que el dinero se siguiera gastando en completar las futuras fuentes de riqueza. Además, se hacía todo lo posible por el pueblo, quien veía como mejoraba su bolsillo gracias a la acción directa del gobierno. petróleo petróleo 

Los opositores comenzaron a vociferar de los peligros de dicha forma de manejar la administración pública, pero López les dejó claro que no se iba dejar presionar ni amedrentar por quienes sólo buscaban lo negativo en su gestión. Sin embargo, eventos en otros lugares del mundo donde no tenemos control ni influencia modificaron el precio del combustible, reduciendo de forma drástica los ingresos del gobierno mexicano, a quien ya se le empezaban a acumular los compromisos económicos como los cobros de deuda, además de su ampliado gasto corriente. Las exigencias hicieron que se aceptaran condiciones de rescate. El resultado fue que se tuvieron que suspender muchos de los beneficios sociales para pagar las deudas que se acumularon en tiempos de gasto sin retorno, o sea, ni se creció y, además, los pasivos nos hicieron más pobres que antes. Las posibilidades de progreso de una generación de mexicanos se vio suspendida. Se comprobó que el presidente José López Portillo se había equivocado. En su defensa, hay que reconocer que se disculpó y, aunque ignoro si lo hizo con sinceridad, me parece un gesto inusualmente decente en la política mexicana, donde los políticos no admiten un error aunque se tenga en video.

Del error de López aprendimos que no se puede depender de un solo producto, el petróleo, en un mercado cambiante aunque sea por poco tiempo, que las deudas se tienen que adquirir con cálculo y los ahorros gastarse de forma estratégica. Nos enseño que se debe diversificar la economía nacional pare evitar la dependencia de una sola actividad, sobre todo ya que nos vimos inmiscuidos en el mundo del libre comercio; que se vale apostar por otro tipo de energías e inversiones cuando así nos convenga, y que necesitamos dinamizar las ideas que nos enseñaron para adaptarlas a un mundo cada vez más intercomunicado y codependiente. Porque sería ridículo que viniera otro López y cometiera el mismo error.

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de AMLO

López y el petróleo. Por Ángel Dorrego

Analista, consultor y asesor político. Especializado en temas de seguridad y protección civil. Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México, Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales también por la UNAM. Cuenta con experiencia como asesor de evaluación educativa en México y el extranjero, funcionario público de protección civil y consultor para iniciativas legislativas.

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