Tragedias que pasan

La actitud del presidente con respecto a la tragedia del metro refleja una profunda inconciencia en prevención de desastres. Tragedias que pasan, por: Ángel Dorrego

Ha pasado el periodo electoral, principal fuente de preocupación y ocupación del presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, que hizo de sus conferencias matutinas un nicho de campaña. Y luego se puso a explicar los resultados los días subsiguientes. El partido del titular del ejecutivo federal, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), fue el rotundo ganador, pero no obtuvo la aplastante victoria de hace tres años. Donde más perdió votos fue en la Ciudad de México (CDMX), donde pasó de gobernar 14 alcaldías a solo 6 de las 16 que componen la entidad. La afectación electoral se debió en mucho a la tragedia de la Línea 12 del metro, en donde perdieron la vida 26 personas. tragedias tragedias 

La explicación del presidente es que perdieron por una campaña de desinformación y que habían ganado las alcaldías directamente afectadas por el incidente, pues en ellas habita “gente humilde que entiende que estas cosas pasan”. Si bien pudimos ver al presidente tocar temas ineludibles aunque fuera por vía electoral, es altamente dañino que la opinión del jefe de estado sea que “estas cosas pasan”. Si bien es cierto que en el mundo hay diario por lo menos una tragedia que lamentar, también hay que decir que todas ellas son evitables, y quien menos debe sobreseer la oportunidad preventiva es el encargado de implementarla.

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Estas palabras nos hablan de un descuido importante en los conceptos de lo que en México llamamos protección civil. La política acerca de la atención de desastres a nivel mundial conlleva cada vez más elementos de prevención y preparación como partes indispensables para tener una exitosa gestión integral del riesgo. Se ha avanzado tanto en la parte teórica del tema que podemos decir que existen las herramientas para hacer paliable casi cualquier fenómeno perturbador. No es que se pueda evitar que tiemble o haya un huracán, sino que se pueden adaptar las condiciones de vida de la población para que se salvaguarden durante la amenaza y después regresen a su vida cotidiana. Eso se llama resiliencia, palabra que por algún motivo el presidente cree que es neoliberal.

Existen dos motivos por los cuales no se previenen dichos eventos en la práctica: la primera, y más importante, es porque puede llegar a ser prohibitivamente caro y altamente impopular. Por ejemplo, supongamos que una población se ha asentado en el cauce de un río que se creía extinto. Pero ahora, cada que haya fuertes lluvias el agua pasará por sus viviendas. Se dictamina técnicamente que el lugar es inviable para habitar, por lo que se propone reubicar a la comunidad. Eso, por supuesto, es costoso, y los habitantes no quieren irse a otro lugar debido a que la distancia entre ellos y sus actividades aumentaría. Y menos cuando escuchan a un pseudo profesionista decir que con ese presupuesto es mejor desviar el río. La segunda, que la prevención de desastres no da réditos electorales en el corto plazo. Si un político decidiera tomar la decisión de trasladar a la comunidad, no se lo iban a agradecer en las próximas elecciones. Por el otro lado, el político que vaya a rescatar a los damnificados del vencimiento de la desviación del cauce tendrá una oportunidad de hacerse el héroe solidario. tragedias 

La tragedia del metro no son cosas que pasan, es el reflejo de la corrupción y la incompetencia en el ejercicio de la administración pública. Hasta ahora, tanto la investigación del New York Times como la primera parte del peritaje oficial señalan fallas en la construcción por parte del gobierno de el hoy canciller Marcelo Ebrard, pero todavía no se han deslindado de responsabilidad por el mantenimiento a las administraciones de Miguel Ángel Mancera y Claudia Sheinbaum. Ellos parecen dedicarse a culparse mutuamente, cuando el problema debería ser de dónde se van a sacar los recursos para que esto no vuelva a ocurrir. Y luego que cada quien se haga cargo de sus omisiones por todas las vías legales existentes. Ahora, multipliquemos esta displicencia por el tamaño del país. ¿Cuántas nuevas tragedias estamos cocinando por el abandono a la prevención debido a otras prioridades? Deberíamos hacer una gestión integral del riesgo que evite que la gente salga de sus cosas temiendo por su vida al estar desprotegido ante las tragedias “que pasan”.

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de AMLO

Tragedias que pasan. Por Ángel Dorrego

Analista, consultor y asesor político. Especializado en temas de seguridad y protección civil. Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México, Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales también por la UNAM. Cuenta con experiencia como asesor de evaluación educativa en México y el extranjero, funcionario público de protección civil y consultor para iniciativas legislativas.

Twitter:@AngelDorrego

Correo para el público:adorregor@gmail.com