Columnas

Con la migración infantil podemos decir ¿feliz día del niño?

Con la migración infantil podemos decir ¿feliz día del niño?

Por: Raúl Franco Estrada

Lunes 27 de abril del 2026

Los niños que hoy y nunca festejan el «día del niño».

Hay temas que se quiera o no se vinculan con aspectos socio-políticos, religiosos o de otra índole, que igual mueven a la reflexión y en lo particular muchos eluden, pero son una realidad constante. Tal es el caso de la migración y que sobresale más cuando se trata de menores.

Siendo una realidad la problemática social, relacionada con los Derechos Humanos, existentes en el mundo y nuestro país, a la cual buscamos una solución, más allá de que argumentemos que la vida sea justa o no, de que las circunstancias sociales, políticas o religiosas influyen, tendríamos que entender que la convulsión que vivimos tiene varios aspectos que no podemos dejar de lado, por ser estos los que más nos lastiman en lo individual y social.

Es el caso de la vulnerabilidad a los Derechos Humanos de las Niñas, Niños y Adolescentes, a todos en lo general, pero igualmente de manera lamentable a los que en circunstancias de migrantes constantemente se lesionan sus derechos esenciales.

Migrantes ya

Vemos con azoro imágenes que dan la vuelta al mundo de pequeños migrantes arrojados por el mar a las orillas de una esperanza de mejor vida y la cual nunca se dará, rostros de miradas perdidas, de llantos incontenibles, polvorientos o ensangrentados, tanto como cuerpos mutilados de niñas, niños y adolescentes, -resultado colateral de guerras incomprensibles-, cadenas humanas formadas por eslabones de manos infantiles asidas con fuerza a manos adultas que pretenden protegerlos del mal que les acecha.

Esta triste cotidianidad que todos los medios de comunicación nos presentan y a la cual no podemos cerrar los ojos o ignorar como si nos fuera ajena, es la que en el contexto de nuestro país, estado y municipio debemos dimensionar y estar conscientes que no solo es la guerra o situaciones políticas las que obligan al ser humano a buscar una mejor alternativa de vida.

Sea el motivo que fuese, hay que ver la migración infantil no como problema del país donde se origina, sino como la necesidad y obligación, más allá de la legal, verla como necesidad moral de atenderla en la medida de nuestros recursos, sí, ver a todos esos pequeños seres humanos que transitan desde nuestra frontera sur hacia la frontera norte, en busca de una mejor oportunidad, algunos de ellos con la compañía de un familiar adulto, muchos otros solos y en su soledad.

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Desprotegidos no solo de las inclemencias del clima, dificultades geográficas, etc., desprotegidos ante los engaños y abusos de quienes debieran buscar auxiliarlos en todo momento, sí, abusados, utilizados y lastimados por otros adultos, sus compatriotas o los habitantes del territorio en el que transitan.

Tristemente una realidad, lamentablemente existe en nuestro país y que igual padecen nuestros menores cuando también buscan la frontera norte. Es cierto que no tenemos ni los recursos o infraestructura suficiente para atender el tema de la migración en general y muy en especial la de menores, es cierto que muchos casos no son atendidos debidamente, ¡no podemos negar la realidad!

Sin embargo, también es cierto que nuestro país, desde siempre, está haciendo el esfuerzo para brindar, herramientas legales para el reconocimiento de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes.

Debemos ser siempre sensibles a estos temas, no solo en el aspecto reflexivo, sino principalmente ocuparnos de que desde la familia sea atendido adecuadamente.

El caso de los menores migrantes lastima y conmueve, porque ellos igual forman parte de una familia, que por circunstancias especiales se ven en la necesidad de recorrer territorios inhóspitos, no importa que sea al lado de un adulto porque, igual él necesita protección y apoyo.

Hagamos que el transitar de las niñas, niños y adolescentes no sea solamente el cumplimiento de la DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS DEL NIÑO, aprobada el 20 de noviembre de 1959, por la Asamblea General de la ONU.

Brindémosles la oportunidad de que en su estadía o transitar lo sientan, y así los consideremos, como seres humanos propios de este mundo, de este territorio.

Reflexionemos, considerando que todos los menores de 18 años son susceptibles de la protección que les da la Convención sobre los Derechos del niño, siendo este un tratado internacional y jurídicamente vinculante, que no importa su condición de nacional o extranjero, para este caso, la condición de migrante, existen cuatro principios que no debemos eludir en su aplicación:

1. NO DISCRIMINACIÓN.

2. EL INTERÉS SUPERIOR DEL NIÑO.

3. DERECHO A LA VIDA.

4. LA SUPERVIVENCIA,

EL DESARROLLO Y PARTICIPACIÓN.

Todos los ciudadanos del mundo tenemos el deber de velar y proteger los derechos de las niñas, niños y adolescentes, de los nuestros y los de los otros, sean de donde sean, migrantes o no.
Todo importa, para qué desgarrarnos las vestiduras cuando la realidad nos desnuda en nuestra apatía, indolencia, irresponsabilidad e insensibilidad, para qué el discurso preocupado cuando solo es eso, discurso.

la migración

«Los niños y niñas que hoy, y nunca festejaran el día del niño» no necesitan dulces o juguetes, que no estaría mal, requieren hoy, más que nunca, alimento para el cuerpo y alma, pañuelos para sus lágrimas y cobijas convertidas en brazos protectores, requieren, no solo el amor simulado del político ante las cámaras televisivas, ni la preocupación transitoria de la noticia del día, requiere de la contundencia de hechos convertidos en políticas públicas a nivel mundial y local, que realmente les protejan y dignifiquen.

Por cierto, hace mucho que no se sabe o habla de «migrantes» en nuestro país, qué pasó con esa ola avasallante cuál tsunami con destino al territorio del omnipotente, perdón, prepotente Trump, ¿Ya no hay migración, se controló, se acabó o donde quedó esa multitud de soñadores? ¿Despertaron y regresaron a su origen o donde están asentados, en qué parte de nuestro país, en qué condiciones y con qué condiciones?

Esperemos que no sean nota periodística fatal de oportunidad.

Así que, felicidades a todos los «niños y niñas interiores», que hoy me brindan el privilegio de leerme, que, independientemente de circunstancias particulares, su infancia fue mucho mejor a la de los niñ@s migrantes.

 

 

 

 

 

 

Lic. Raúl Franco Estrada.Lic. Raúl Franco Estrada.

Diplomado en Políticas Públicas, Analista político y social, amplia experiencia en el sector privado y los tres niveles gubernamentales tanto en comunicación social, Dirección, capacitación y resolución de conflictos. Conferencista sobre Desarrollo Humano, Relaciones laborales y sociales.
Autor del Poemario Hojas sueltas; relatos como A una niña, Sueño, Romántico, y otros.

Colaborador en medios digitales y columnista de «EXACTO DE MÉXICO»

 

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