“Mujer-violencia-mujer»
“Mujer-violencia-mujer»
Por: Raúl Franco Estrada
Jueves 5 de marzo del 2026
No sé si el titulo pudiese explicar por si mismo el contexto que al día de hoy se da a la mujer y a la relación de esta con la violencia, evidentemente contra ella, pero lamentablemente siendo ella el principio y posible fin de la misma.
Ayer la puesta en escena de una representación dramática titulada “Sueño de amor”, me permitió recapitular lo que en el tintero esperaba para esta fecha que como todos los años se recuerda para sensibilizar y combatir la violencia contra las mujeres; el desarrollo de la obra permite ver la evolución de una pareja, como muchas en el mundo, cuyo inicio de “relación formal” se basa en una decisión apresurada y con total desconocimiento de la personalidad de ambos, más allá de la historia particular de cada una y que igual determina su personalidad y el cómo influye en sus determinaciones cuyas consecuencias no son las deseadas. Pero que en la vida cotidiana son reales.
En síntesis y coincidiendo con el discurso final del actor principal, es la mujer quien históricamente forma al macho, al misógino, al golpeador, es quien por temor no lo confronta, desde cualquier punto de vista, y permite el abuso en todas sus manifestaciones, desde el emocional y económico hasta el sexual y físico, tristemente en muchas ocasiones permite su propia muerte.
Si bien, para el que hoy comparte estas líneas, la mujer es lienzo e inspiración, en ese “estúpido romanticismo” en que como muchos ensalzamos sus cuerpos y belleza para crear expresiones artísticas desde una escultura, pintura, poemas, música, etc., debiéramos los “hombres…, o varones” propiciar el cambio de mentalidad de la mujer para sí misma, esto es, no permitir que ellas permitan, especialmente desde el hogar, origen de todo, que los miembros masculinos sobrepongan una jerarquía mal entendida, por el género supuestamente más fuerte, y sea la madre, la esposa o la hija quienes directa o indirectamente inculquen en la mente del varón la idea de superioridad y fuerza, para ser de ellas el supuesto “sexo débil”.
Sí, nosotros, los varones, en nuestras historias particulares vivimos u observamos situaciones de violencia hacia la progenitora o cualquier otra mujer de la familia, porqué repetir el patrón, porqué exigir la misma sumisión de quien decimos amar, porqué abusar de nuestra fuerza física, de la posición de único proveedor de “bienestar”, porqué justificar nuestro actuar en la particularidad de “porque soy hombre y yo si puedo hacerlo”.

Debiéramos, los varones, ser los primeros en oponernos a esa forma de educación ancestral e informal, que da por hecho que así debe ser.
Somos los hombres los que no hemos permitido que la mujer cambie su manera de pensar, de actuar y considerar que no es un tema de género el que ellas deben ser la parte débil de la ecuación.
Somos los hombres los que debiéramos propiciar la igualdad, equidad, paridad, etc., en todos los ámbitos de la convivencia humana, primordialmente desde el hogar, pasando por lo social, político, religioso, cultural, en fin, todo.
Invitando a la reflexión histórica, corríjanme si estoy equivocado, hay una parte donde el grupo de varones desde siempre ha permitido la participación de la mujer en la política, en la religión o mínimo en las decisiones del hogar.
Hoy, en alguna latitud del mundo, siguen los hombres abusando de su condición de poder político, religioso o económico, imponiendo sus reglas, su criterio, su fuerza, ya sea por decreto o porque así él lo determina.
Hoy la vileza tiene diferentes rostros, uno de ellos el silencio, sí, cuantas veces se calla ante la injusticia y el abuzo, cuantas veces el silencio permite que las cosas no cambien, tanto en el ámbito del hogar como en el de un país.

Muchas veces callamos y la voz interior reclama la falta de carácter para enfrentar sin confrontar, salvo que sea la única salida para cambiar el estado de cosas que no nos agradan y solo buscamos reconciliación o perdón, incluso asumiendo la culpa que no es propia.
La frialdad, indolencia e interés del hombre para no reconocer el papel tan importante que tiene la mujer en todo, se debe y, lo escribo con todo respeto, se propicia por la mujer, no de ahora, desde siempre.
Son ustedes, las mujeres, las que deben marcar el paso, no permitir ni ser cómplices de aquello por lo que les aqueja y hoy combaten desde diversos foros.
Son ustedes las que deben educar y reeducar desde el hogar, son ustedes las que deben encontrar las acciones sin una demostración de fuerza y si de unidad conjuntamente con nosotros, los hombres, para lograr una mejor sociedad.
Si ustedes son origen de vida, por qué no de transformación.
Es la belleza de la expectación y el asombro un elemento determinante en el desarrollo humano, pero lo más importante es tomar el riesgo aún con temor al resultado.
Lic. Raúl Franco Estrada.
Diplomado en Políticas Públicas, Analista político y social, amplia experiencia en el sector privado y los tres niveles gubernamentales tanto en comunicación social, Dirección, capacitación y resolución de conflictos. Conferencista sobre Desarrollo Humano, Relaciones laborales y sociales.
Autor del Poemario Hojas sueltas; relatos como A una niña, Sueño, Romántico, y otros.
Colaborador en medios digitales y columnista de «EXACTO DE MÉXICO»
Correo: ral.f52_leonardo1109@yahoo.com
violencia, violencia, violencia, violencia, violencia, violencia,

