“5 de febrero, desde mi reflexión”
“5 de febrero, desde mi reflexión”
Todos tenemos nuestra opinión y siempre en las diferencias, todas respetables, habrá coincidencias.
Por: Raúl Franco Estrada
Miércoles 4 de febrero del 2026
A ciento nueve años de la promulgación de nuestra Carta Magna, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, su relevancia en la esencia social y humana de su conformación, constituye y da sustento a su vigencia que más allá de los cuestionamientos, hoy nos da oportunidad de reafirmar que son el cumplimiento de las normas lo que nos da la oportunidad de consolidarnos como individuos, sociedad, estado y nación.
Independiente de ideologías de cualquier tipo, creencias, raza, nacionalidad, niveles sociales, preferencias o circunstancia económica, todos, ¡sí!, todos sin distingo debemos apegarnos a los preceptos de nuestra Constitución.
Es con el intercambio y debate de ideas, es con actitudes propositivas y propuestas consensuadas que busquen mejorar el estatus actual y el como lograremos salir adelante ante las amenazas de cualquier tipo, vengan de donde vengan, internas o externas.
Nuestra Constitución es la norma fundamental que rige jurídicamente al país, fija los limites y define las relaciones entre los poderes de la federación, el legislativo, ejecutivo y judicial; también entre los tres niveles de gobierno, el federal, estatal y municipal e indiscutiblemente entre todos estos y los ciudadanos.
De tal forma que la convocatoria insana a la confrontación y al anarquismo no tiene cabida en el razonamiento civilizado de la mayoría de los mexicanos, el querer dividirnos con discursos mesiánicos o enmascarados de redentores del cambio porque solo ellos dicen que si se puede, pero solo con ellos y no con todos porque no todos pensamos o sentimos como ellos quisieran es enmascarar su intención de obtener el poder por el poder y solo para ellos poder.
¡¡No debemos confundir tolerancia con impacibidad o permiso para delinquir!! so pretexto de la inconformidad legitima o no, cuando se abusa del discurso distorsionador de quienes pretenden abonar a su causa la intención descarada de ascenso al poder.
Se ha confundido la autonomía constitucional de estados y municipios en la intención de algunos por promover la intervención del Gobierno Federal en asuntos de competencia estrictamente local, para después acusarle de intervención anticonstitucional, y siempre será más fácil buscar culpables cuando se elude la propia responsabilidad de actuar que asumir la que nos corresponde y sus consecuencias, sobre todo cuando la intervención que se pide es por las circunstancias que les rebasan o son ellos parte de las mismas.
La Constitución de los Estados Unidos Mexicanos es clara y en estricto apego a la misma delimita la responsabilidad de todos y cada uno, tanto de individuos, instituciones, como de los poderes de la Nación.
La ambigüedad propicia caldo de cultivo para el reclamo convenenciero, dirigido por los interesados a cubrir sus huellas y avanzar en sus mezquinas intenciones de poder o enmascarar sus acciones delictivas.
Es cierto, al igual que el 5 de febrero de 1917 el Constituyente promulga la Constitución actual dando un paso importante en la transformación de la vida nacional, cerrando un capitulo escrito con sangre de una realidad que con solo el nacimiento de la Carta Magna no terminaba para siempre; hoy, tampoco podemos tapar el sol con un dedo, cerrar los ojos o voltear la cara a una realidad lacerante, resultado del incumplimiento a los preceptos constitucionales.
No hay pretexto, la Constitución defiende y protege a todos e igual obliga, sin distingos, ¡nunca! aprovechando coyunturas internas o externas, ¡nunca! so pretexto de investidura de cualquier nivel la imposición de ideas o acciones en perjuicio de los mexicanos, ¡nunca! el beneficio propio o de terceros por encima de la Ley.
Nuestra Carta Magna es el producto no solo de la lucha de clases que se ejemplifica en la Revolución Mexicana del 20 de noviembre de 1910, es el debate de ideas del Constituyente conformado por, en ese entonces, diputados carrancistas llamados “renovadores”, los protagonistas o identificados como “radicales”, y también los independientes.
Tal como hoy la representación ideológica es vigente, tal como en ese entonces debe ser el debate, la conciliación y el acuerdo lo que debiera privar en el quehacer político de nuestra nación.
Por eso, a los agoreros promotores de la confrontación, exigencia irracional sin fundamento o de levantamientos armados como solución a la problemática existente, desde esta tribuna les decimos: ¡¡nunca!! sus anhelos insanos por el caos y la anarquía triunfarán ante la prudencia y razón de quienes creemos en México.
¡Sí! México como nación de mujeres y hombres libres, responsables y consientes que la solución a nuestros problemas no es la violencia o el engaño, ni el abuso del poder en detrimento de todos, porque todos perdemos.
A quienes pretenden levantar muros, ya sean ideológicos o físicos, o cerrando caminos dañando a sus mismos conciudadanos, les decimos que igual cierran el paso al entendimiento, que los muros impiden la conciliación y el acuerdo, que debemos dar paso a la oportunidad de construir juntos una nación y un mundo mejor, que a pesar de nuestras diferencias, cualesquiera que sean, la única forma de transformar lo adverso en oportunidad de crecimiento es estando unidos.
No somos una isla ajena a la influencia del clima o las voces externas, mucho menos cuando hoy los medios de comunicación y las personas del mundo entero, en tiempo real conocen, opinan y actúan gracias a los avances tecnológicos enmarcados en lo que se denomina el ciberespacio. Somos parte del mundo, pero como Nación somos igual quienes determinamos nuestro destino.
Ciertamente las acciones externas nos afectan, lamentablemente no siempre de manera positiva, pero igual como nación tenemos que reaccionar ante esas circunstancias y que no siempre, en la búsqueda de la solución o el manejo del malestar, las alternativas son las mejores para la generalidad de los ciudadanos, siendo la oportunidad para otros de incidir también en motivar mayor malestar y nunca propiciando o sugiriendo otra vía racional y congruente para enfrentar lo que nos aqueje.
Aquí justamente la importancia de nuestra Constitución que de manera enfática defiende la “libertad de expresión y manifestación”; en ningún espació de nuestra Carta Magna se identifica o consiente el vituperio, el daño, el saqueo, la obstaculización, el ataque físico a personas o propiedades, en fin, acciones negativas fuera de la ley que cuando se contienen, disuelven o atacan, surgen los redentores con voces discordantes enarbolando la violación a sus garantías sin reconocer sus propias transgresiones. La pregunta obligada es: ¿hasta dónde la aplicación de la ley?
El camino a la Democracia no ha sido fácil, sin embargo podemos afirmar que es un proceso inacabable, que no hay modelo perfecto y si la búsqueda constante para lograr la suficiente satisfacción de todos en lo más elemental que el ser humano se fija como meta posible: “La realización como persona”; como parte fundamental de la integración desde el punto ciudadano en un proyecto no solo personal, sino esencialmente de forma incluyente y activa en el desarrollo de nuestro país.
Al paso de nuestra historia hay quienes han cuestionado, y siguen haciéndolo, nuestro sistema democrático contenido en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, pretendiendo que adoptemos modelos supuestamente perfectos y que hoy ante el mundo vemos como se convulsionan esos supuestos magníficos ejemplos democráticos que igual en sus resultados afectan al mundo entero, incluyéndonos.
Reitero, no somos una isla. Y para lograr nuestro crecimiento como nación debemos estar unidos sin importar nuestra ideología, siempre con el respeto a nuestras diferencias y siempre en búsqueda de un bien mayor, los mexicanos, nuestro país.

Nos hemos distraído en la incongruencia y el ataque sin sentido, solamente por buscar el logro de nuestro particular interés y de manera cínica como absurda no damos crédito a los logros, sean de quien sean, no reconocemos que seguimos avanzando y creciendo, que aún con deficiencias, hay que decirlo, el país no es a partir de que alguien lo represente, que tenemos instituciones solidas, que hemos avanzado en educación y salud, que en seguridad y economía se continúan los procesos para mejorar las condiciones actuales.
Falta mucho por hacer y en esa responsabilidad estamos todos involucrados, no importa nuestra ideología política, creencia religiosa, estatus social, preferencias sexuales, etc., todos siendo incluyentes y tolerantes podremos seguir creciendo, construyendo alianzas y no muros dentro o fuera del país, abriendo caminos al dialogo y la concertación, no cerrándolos mediante la violencia como única alternativa y solamente para transitar con el interés particular.
Permítanme recalcar que igual todo esto es posible, si desde la familia impulsamos la transformación, pues es en ella donde se gestan los ciudadanos responsables, honestos y propositivos, es en la familia donde se fortalecen los valores, que si existen, nunca se han perdido y si los hemos trastocado o interpretado convenencieramente, amor y odio son reales, como igual la justicia y la injusticia. ¡Qué es lo que realmente buscamos y queremos!
Siempre considerando que la única vía de consolidación será el respeto y cumplimiento de nuestros preceptos consagrados en la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, lo mismo para los mexicanos como para cualquier ciudadano de cualquier país.
¡Respeto! para propios y extraños es lo que ofrecemos y principalmente exigimos, por encima de cualquier circunstancia y no solo porque así lo establece nuestra Carta Magna, por encima de pretensiones mezquinas ¡nunca, pero nunca! permitiremos se pisotee nuestra dignidad como personas, como mexicanos y como país.
No hay enemigo pequeño, tenemos historia, la anécdota de las “cuentas y espejitos de los hombres rubios y barbados” quedo en eso; hoy no nos deslumbra el brillo que algunos aparentan ni nos ensordecen las estridencias sin sentido, hoy también nuestro orgullo histórico nos trae la fortaleza de la sangre azteca que se alza en el emblemático “Árbol de la Noche Triste” y se refuerza en el arrojo y valentía de aquellos cadetes que por la patria en el “Cerro del Chapulín” ofrendaron su sangre.
No se equivoquen quienes pretendan socavar al país, ni los de dentro y mucho menos los de fuera, somos un país con dignidad y honor.
¡Nunca como hoy la vigencia de nuestra Carta magna!
Lic. Raúl Franco Estrada.
Diplomado en Políticas Públicas, Analista político y social, amplia experiencia en el sector privado y los tres niveles gubernamentales tanto en comunicación social, Dirección, capacitación y resolución de conflictos. Conferencista sobre Desarrollo Humano, Relaciones laborales y sociales.
Autor del Poemario Hojas sueltas; relatos como A una niña, Sueño, Romántico, y otros.
Colaborador en medios digitales y columnista de «EXACTO DE MÉXICO»
Correo: ral.f52_leonardo1109@yahoo.com
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