Querétaro: cerrar el año sin soltar el control
Querétaro: cerrar el año sin soltar el control
El poder detrás del relato (EDR)
Por: Scribo Ut Gnoseam
Lunes 29 de diciembre del 2025.
La última semana de diciembre en Querétaro no fue de tregua política, aunque así lo sugirieran las posadas, los vuelos inaugurales y las fotos de cordialidad. Fue, más bien, una semana de cierre de posiciones: cada actor cuidando territorio, afinando mensajes y dejando claro desde dónde piensa entrar a 2026.
El primer hilo fue el de la ley que alcanza, aunque tarde. En Tequisquiapan, la detención del exsecretario particular de Antonio Mejía Lira reactivó una narrativa que llevaba meses incubándose: la de un pasado que empieza a pasar factura.
No se trató solo de un arresto, sino de una señal política: las denuncias interpuestas por el actual gobierno municipal empiezan a tener consecuencias. Las columnas no dictaron sentencia, pero sí colocaron una pregunta incómoda en el aire: ¿será este el inicio de un “Tequis-gate” o apenas un ajuste menor? En cualquier caso, el mensaje fue claro: la impunidad ya no es garantía, aunque el proceso sea lento.
Ese mismo tono se replicó en otros frentes menos visibles, pero igual de sensibles. La Fiscalía apareció como protagonista silenciosa al avanzar contra fraudes que no hacen ruido, pero destruyen proyectos de vida: financieras irregulares y “escuelas patito” que operaban con fachada de legalidad. Aquí el poder no se exhibe con armas ni patrullas, sino con expedientes, cateos y trabajo técnico. El mensaje institucional fue quirúrgico: en Querétaro, el fraude también es inseguridad, aunque no deje sirenas.
Mientras tanto, el Congreso cerró filas. La aprobación unánime del presupuesto estatal, con Gina Guzmán como voto bisagra y figura de equilibrio, no fue un gesto espontáneo, sino el resultado de semanas de tensión, negociación y reacomodo. La LXI Legislatura terminó el año con una lección aprendida: sin mayorías automáticas, el poder se ejerce dialogando. Morena entendió que bloquear tiene costo; el PAN que imponer ya no alcanza; y el Ejecutivo que la operación política vale tanto como el proyecto técnico. El presupuesto salió, pero dejó una nueva regla no escrita: aquí nadie gana solo.
Esa lógica contrastó con otros escenarios municipales. Corregidora se convirtió en el ejemplo repetido de gobernabilidad silenciosa: presupuesto aprobado por unanimidad, finanzas sanas y programas sociales blindados. No hubo estridencia, pero sí control. En política local, la unanimidad no vende titulares, pero construye reputación.
El orden también se expresó en la calle. Las cifras de formalidad comercial en la capital —renovaciones de licencias al alza y bajas a la baja— reforzaron una narrativa que el municipio ha querido consolidar: reglas claras, competencia pareja y cero tolerancia a la informalidad que se disfraza de identidad. Las columnas fueron explícitas: la formalidad no es castigo, es condición. Pero también dejaron una advertencia implícita: el orden solo funciona si se aplica parejo, sin excepciones ni dobles discursos.
En el plano federal, la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum marcó otro cierre simbólico. No hubo abucheos ni desaguisados. Hubo cortesía, coordinación y mensajes cruzados de reconocimiento mutuo con el gobernador Mauricio Kuri. La narrativa fue cuidada: energía, agua, tren, becas, conectividad. Para algunos columnistas, un ejemplo de madurez política; para otros, una cooperación que no está exenta de cálculo. En cualquier caso, Querétaro apareció como territorio donde el federalismo aún se practica, aunque con tensiones de fondo que nadie ignora.
El tren México–Querétaro volvió a ser emblema de esas tensiones. Las columnas hablaron de avances, derechos de vía, supervisiones presidenciales y promesas de desarrollo, pero también de dudas: impactos urbanos, movilidad durante las obras y decisiones centralizadas. No hay definición cerrada en el texto, sí una constante: el progreso exige algo más que anuncios; requiere gobernanza fina y socialización real.
El otro gran símbolo de cierre fue el vuelo directo Querétaro–Madrid. Más que una ruta aérea, fue presentado como declaración de futuro: conectividad internacional, inversión, turismo y visión de largo plazo. En contraste con la política ríspida, esta narrativa apostó por la consistencia y la paciencia institucional. Nada improvisado, todo acumulado. El mensaje fue nítido: Querétaro juega a largo plazo, incluso cuando la coyuntura aprieta.

En el fondo, todas estas historias —corrupción que alcanza, Congreso que negocia, Fiscalía que actúa, municipios que ordenan, federación que coopera, infraestructura que promete— confluyen en una misma lectura EDR: el poder en Querétaro cerró el año cuidando el control, no exhibiéndolo. No hubo golpes espectaculares ni rupturas estridentes. Hubo operación, mensaje y contención.
El 2025 se despidió así: con un estado que presume estabilidad, pero que ya no puede darla por sentada; con instituciones que funcionan, pero que saben que el margen de error se redujo; y con una clase política que entendió algo esencial rumbo a 2026 y 2027: gobernar ya no es solo administrar lo que funciona, sino evitar que se descomponga.
Cerrar el año, en Querétaro, fue eso: no soltar el control, aun cuando todo invite a relajarlo.
El poder detrás del relato (EDR)
Scribo Ut Gnoseam
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