
Mujeres en camino, tradición y autonomía. La Carreta
Mujeres en camino, tradición y autonomía
La Carreta por *Eréndira Karina Córdoba
Martes 21 de julio del 2026
La peregrinación femenil rumbo al Tepeyac no es solo un acto de fe, es también una afirmación de autodeterminación. En cada paso, las mujeres que integran esta columna desafían la invisibilidad histórica y reclaman un lugar en las tradiciones que han sido dominadas por voces masculinas.
La Columna Femenil de la Peregrinación concluyó su paso por el estado de Querétaro con gran esfuerzo y convicción de que no sólo es un trayecto religioso, sin duda es un acto de autosuficiencia, de resistencia y presencia. Mujeres que, entre rezos y cansancio, sostienen una tradición que les ha sido históricamente negada o invisibilizada.
El paso por Querétaro deja más que huellas en el asfalto, deja preguntas sobre el papel de las mujeres en las prácticas comunitarias y en la vida pública. Mientras los discursos oficiales hablan de igualdad, son ellas quienes, con pasos firmes, construyen comunidad y memoria.
Su trayecto por esta demarcación, deja claro que la espiritualidad puede ser también un espacio de fortaleza y tenacidad. La Fe se renueva cuando ellas la encarnan, y la persistencia se fortalece cuando la fe se convierte en empatía, en convicción.
La peregrinación femenil es símbolo de fe, sí, pero también de autonomía. En tiempos donde la violencia y la impunidad marcan el día a día, estas mujeres recuerdan que la espiritualidad puede ser también un espacio de dignidad y encuentro, un lugar donde los miedos más escondidos, salen a flor de piel, el saber y estar convencidas de encomendar, a la Virgen del Tepeyac, sus penas y temores más dolorosos.
Ellas, no solo avanza con fe, avanzan contra el silencio institucional. Mientras las autoridades se limitan a discursos vacíos sobre igualdad, son estas mujeres quienes, con pasos firmes, reclaman un lugar en la tradición y en la vida pública.
El paso por Querétaro expone una contradicción, por un lado se celebra la religiosidad popular, pero se invisibiliza la fuerza política de las mujeres que la sostienen. La autonomía que ellas ejercen al caminar juntas, es un acto de resistencia y entereza frente a estructuras que las relegan.
Las Mujeres en camino representan también un grito político, por un lado, a la Virgen se le pide lo que el Estado niega; seguridad en los caminos, justicia frente a la violencia, salud para las familias, paz en los hogares. Cada plegaria es una denuncia, cada canto es un recordatorio de que las instituciones han fallado.

Sus pasos cansados revela esa tensión, mientras las autoridades se limitan a discursos sobre igualdad y desarrollo, las mujeres peregrinas ponen en evidencia las carencias reales. La fe se convierte en refugio porque el gobierno no ofrece soluciones. La Virgen del Tepeyac recibe las súplicas que deberían dirigirse a un Estado capaz de garantizar derechos básicos.
La fortaleza de estas mujeres no es solo espiritual, es política. Caminar juntas es construir comunidad frente a la indiferencia institucional. La peregrinación femenil es, sin duda, una tradición, pero también es un grito en silencio, un murmullo que confronta la falta de reconocimiento y exige que la fe no sea la única respuesta a problemas que requieren justicia y políticas públicas.
La columna femenil recuerda que caminar juntas es un gesto espiritual y también político, una manera de decir que la fe también es dignidad y esa nadie pueda arrebatárselas. Cada kilómetro recorrido cuestiona la indiferencia de las instituciones y recuerda que la fe también puede ser un espacio de fortaleza y consuelo.


