
“No hay tiempo de lamento…”
“No hay tiempo de lamento…”
Por: Raúl Franco Estrada
Viernes 21 de agosto del 2026
“No hay tiempo de lamento, ni de llanto, para qué desgarrar las vestiduras si el mundo sigue adelante conmigo y sin mi”…, elijo sea conmigo.
Mucho, y no de ahora, se ha escrito sobre la condición humana, el bien, el mal, la vida, la muerte, etc., también de sus miedos al igual que de los anhelos, el amor o el odio, la pasión y deseo, igual si se trata de su compleja participación o no en lo que llamamos sociedad y su forma de organización, cada quien, en cada latitud, en su momento histórico como en su presente tiene su respetable opinión y sentir, cosa que no pretendo debatir.
Sin embargo, hoy me mueve a compartir lo que desde hace muchos, muchos años sigo viendo, en ocasiones viviendo o padeciendo, por eso, como en esa gran obra literaria “Don Quijote de la Mancha”, permítanme parafrasear: “En un lugar de la mancha, del cual…”, ¡mj!, no, en todos los lugares de nuestra mancha y del cual aunque no queramos siempre recordamos, sí, porque en el vivimos, existen un sin número de hombres y mujeres de “triste figura”, no por la delgadez externa del personaje.
Sino por la del alma que reflejan en su mirada y que a pesar de eso siguen luchando contra los “molinos de viento”, por su desventura de no encontrar, no digamos aliciente para vivir, sino lo suficiente para sobrevivir, que a pesar de la lucha diaria, en su corazón muere la esperanza por no saber cómo lograr que sus sueños se hagan realidad y atreverse a enfrentar el reto de cambiar su cotidianidad, su presente.
Suena fácil, porque escribirlo o decirlo es fácil, sobre todo para aquel que al afirmarlo y exigirlo tiene su vida resuelta, y supuestamente su libertad no depende de lograr conservar la tranquilidad de su familia bajo un techo que no es suyo o la insatisfacción de un estómago que grita, ¡un día más sin alimento!
Veo continuamente caballeros andantes montados en rocinantes de sueños que pudieran ser pesadillas, flacas como las voces negándoles la posibilidad de terminar con su carga, que igual retornara a su castillo donde “Dulcinea” lo espera, no necesariamente con los brazos abiertos y si con la esperanza, con la expectativa que hoy el día será diferente, que hoy sus hijos tendrán como premio a sus travesuras un bocado sólido y no solo agua y aire, agua que no sean lágrimas, aire para seguir respirando y esperar que el mañana les sonrían, sí, de manera diferente.
Hoy, como siempre, desde hace mucho tiempo, el mundo, nuestro país, se a convertido en ese lugar de la mancha donde a diario se libran batallas, de todo tipo. Y en nuestro México seguimos con la incertidumbre, sin saber si los molinos de viento son reales o son los monstruos que elegimos y no podemos derrotar, que el hostal realmente es el Palacio donde gobierna alguien sabio y justo, no un simple hostelero que junto a su servidumbre simulan ser consejeros de alto rango para servirse y no servirle a los comensales, el pueblo.
Como no reconocer a “Sancho Panza”, que al igual que a su señor le aqueja la preocupación para lograr en conjunto el triunfo, que comparte con él la realidad y procura que su locura no le contagie, para no perderse la oportunidad de soñar que hoy todo cambiara.
Fiel escudero, ciertamente mejor amigo y comparsa, protector incondicional que sufre tanto o más las derrotas del día, pero que alienta al “Caballero” a seguir adelante y no importa que los monstruos de sus pesadillas quieran derrotarlos con la realidad, ¡hay que atreverse!, ¡seguir adelante!
¿Cuántos “Sancho Panza” vemos persiguiendo, al lado del “Caballero de la Triste Figura”, el sustento, intentando domar a ese Dragón, “Hidra” de mil cabezas, llamado transporte urbano en el campo de batalla conocido como ciudad? ¿Cuántos Don Quijotes y Sanchos, en cualquier lugar de la mancha, nuestra mancha, enfundados en sus esplendorosas vestimentas, como armaduras, preparados y lúcidos como el mejor, siguen luchando por derrumbar la “Atalaya” de la indiferencia, la indiscriminación o la misoginia, en un mundo donde suponemos todos son iguales y no debiera existir dolor, pobreza, guerra, hambre, etc.?
¿Cuántas “Dulcineas” igual montan el esquelético Rocinante de los sueños para cabalgar y luchar contra “Molinos de Viento” y compartir la locura, no tanto poética, por transformar su realidad en lo que ningún decreto logrará, ser feliz? Sí, feliz en el amplio sentido de su contenido, no el de la risa o estado de ánimo transitorio, ser feliz porque su Caballero de la Triste Figura ya no lo es, porque igual comparte con él la responsabilidad de que el “Castillo” es seguro y los hijos tienen palabras diferentes a las de: “tengo hambre, tengo frío”.
Hay también, como Sancho Panza, quienes en su “Ínsula de Baratavia”, algunos gobernantes y súbditos -ciudadanos- se alejan de la realidad y creen que la abundancia lo es todo, por supuesto hay quienes viven así y nada les preocupa e incómoda, sin embargo, igual hay quienes a pesar de ello carecen de lo esencial, cada quien para su propia reflexión.
Los sueños, los imposibles, requieren en ocasiones de sacrificios, de atrevimientos y correr riesgos, todos en algún momento seguramente han tomado la decisión que el momento o circunstancia, también el corazón, les dicto, hay quienes no, tuvieron miedo o prefieren la sumisión, también fue su elección.

Hay quienes quisieran tener el “Yelmo de Mambrino”, mago Moro y poderoso, para volverse invisibles, pasar desapercibido y que nada les toque o afecte, lastima, la realidad no es así, hay que afrontar nuestra circunstancia. Lo mismo quienes desde su “locura”, sea de posición o poder, cualquiera, “confunden el balido de ovejas y carneros” con el tocar de clarines, relinchar de caballos y ruido de tambores cual semejanza de alabanzas y lisonjas, lastima, la realidad es otra y no la aceptan, seguirán luchando contra Quijotes, Sanchos Panza y, por supuesto, Dulcineas.
Cuánto más seguramente se seguirá escribiendo, cantando y plasmando de diferentes maneras haciendo analogía de héroes ejemplares, que provocaran nuestras lágrimas y que en el momento se hinche el pecho de orgullo e intención de emularlos, no sé, pero es una constante en la historia de la humanidad porque estamos necesitados de ejemplos, de impulsos, porque que en muchas ocasiones no sabemos cómo resolver nosotros mismos nuestra realidad.
También los hay de carne y hueso, están a diario a nuestro lado y no siempre son anónimos, y no siempre son reconocidos o recompensados, sí, también existen.
“Tener miedo está bien, superarlo es mejor, es importante”.
Lic. Raúl Franco Estrada.
Diplomado en Políticas Públicas, Analista político y social, amplia experiencia en el sector privado y los tres niveles gubernamentales tanto en comunicación social, Dirección, capacitación y resolución de conflictos. Conferencista sobre Desarrollo Humano, Relaciones laborales y sociales.
Autor del Poemario Hojas sueltas; relatos como A una niña, Sueño, Romántico, y otros.
Colaborador en medios digitales y columnista de «EXACTO DE MÉXICO»
no hay tiempo, no hay tiempo, no hay tiempo, no hay tiempo, no hay tiempo, no hay tiempo, no hay tiempo,

