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Querétaro: cuando la sucesión deja de ser rumor y empieza a ser sistema

Querétaro: cuando la sucesión deja de ser rumor y empieza a ser sistema

El poder detrás del relato (EDR)

Por: Scribo Ut Gnoseam

Lunes 19 de enero del 2026.

La segunda semana de enero confirmó algo que en Querétaro ya no puede disimularse: la política entró de lleno en la fase de selección. No la formal, no la legal, sino la real. Esa en la que los movimientos administrativos, los nombramientos “técnicos”, las fotos casuales y los discursos de unidad empiezan a funcionar como mensajes codificados para quienes saben leerlos.

El caso más evidente es el de Tania Ruiz Castro. Su salida del DIF municipal y su incorporación como directora de Proyectos Regionales del Gobierno del Estado no fue un ajuste burocrático ni un reconocimiento tardío. Fue una reubicación estratégica. Tania deja el terreno asistencial —útil, pero políticamente limitado— y entra al corazón de la operación territorial: San Juan del Río, Pedro Escobedo, Amealco. Municipios clave, electorales, complejos, donde no basta la narrativa; se requieren presencia, gestión y resultados visibles. El mensaje es claro: el Ejecutivo no solo evalúa perfiles, los prueba en campo.

En paralelo, San Juan del Río se confirma como el municipio más delicado para el PAN rumbo a 2027. La apuesta por una mujer no responde únicamente a la paridad, sino a la necesidad de romper inercias de desgaste panista en zonas como el oriente sanjuanense, históricamente abandonadas y hoy más cercanas al voto guinda. La supuesta “competencia entre mujeres” no es tal; en realidad, es una disputa entre grupos masculinos que buscan imponer a su carta bajo la apariencia de equidad. Ellas compiten, sí, pero quienes mueven el tablero siguen siendo los mismos.

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Mientras tanto, el discurso de unidad panista se vuelve omnipresente. Agustín Dorantes, Marco del Prete, Chepe Guerrero, Felifer Macías y Luis Nava repiten la consigna: “somos cinco y estamos unidos”. Pero en política, cuando la unidad se repite tanto, es porque se está resquebrajando. Las fotos, lejos de tranquilizar, delimitan jerarquías: quién va al centro, quién queda atrás, quién aparece como aspirante y quién como acompañante. La unidad hoy no es convicción; es contención.

Del otro lado, Morena muestra un fenómeno distinto pero igual de revelador: la fragmentación por exceso de ambiciones.

Gilberto Herrera aparece cada vez más aislado, atrapado en un discurso que ya no conecta ni con la dirigencia ni con la base. En contraste, Santiago Nieto, Beatriz Robles y Ricardo Astudillo empiezan a articularse como polos viables, cada uno con estilos distintos, pero con algo en común: estructura y lectura del momento. En política, no gana quien grita más fuerte, sino quien entiende cuándo dejar de gritar.

El Partido Verde, lejos de ser actor secundario, se mueve con pragmatismo quirúrgico. El fichaje de Antonio Ortega Cerbón —exnaranja, exmagistrado, hoy verde— confirma que la contienda por 2027 no será solo PAN contra Morena. Astudillo juega a largo plazo: suma perfiles, construye alianzas y deja abierta la puerta a competir con o sin coalición. En esta fase, el Verde no pide permiso; cobra relevancia.

Más allá de los partidos, hay un elemento que atraviesa toda la semana: la institucionalidad puesta a prueba. El caso del fraude de la caja de ahorro en Huimilpan ilustra cómo la persistencia institucional puede revertir criterios judiciales adversos, pero también exhibe los costos del tiempo para las víctimas. La Fiscalía insistió, impugnó, coordinó y finalmente actuó. El mensaje es doble: el Estado puede responder, pero no siempre al ritmo que la sociedad exige. En 2026, la justicia también será tema electoral, aunque nadie lo admita.

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La seguridad y la movilidad aparecen como tensiones cotidianas que ya no se pueden separar del debate político. El crecimiento del uso de motocicletas, los accidentes fatales, el colapso vial tras el regreso a clases y la ausencia de una estrategia integral evidencian un problema de gobernanza urbana. No es falta de obras; es falta de coordinación entre hábitos sociales, regulación y cultura vial. Gobernar, hoy, también es ordenar lo cotidiano.

En el fondo, todas las columnas de la semana apuntan a lo mismo: el poder en Querétaro dejó de ser vertical y predecible. Ahora se reparte entre partidos, instituciones, operadores, territorios y narrativas que compiten entre sí. Nadie manda solo, pero todos quieren mandar.

La política queretana ya no está en precampaña: está en predefinición. Cada nombramiento, cada foto, cada discurso de unidad o denuncia pública es una pieza más de un sistema que se reacomoda rumbo a 2027. Y en esta etapa, el mayor error no es moverse antes de tiempo, sino moverse sin entender el nuevo tablero.

En 2026, Querétaro no decidirá (al menos formalmente) candidatos todavía.

Pero ya decidió algo más importante:

la sucesión dejó de ser rumor y se convirtió en método.

 

 

 

 

EDREl poder detrás del relato (EDR)

Scribo Ut Gnoseam

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