Mentiras piadosas que decimos a nuestra pareja

Mentiras piadosas que decimos a nuestra pareja

Todos las decimos algunas mentiras piadosas de vez en cuando al ser que amamos… ¿quieres saber cuáles son?

 Mentimos porque el sincericidio, u honestidad bruta es hiriente. Y lo que menos queremos es herir a aquellos que amamos. Por eso decimos mentiras piadosas, o mentiras blancas, todo el tiempo.
No son traiciones, no son mentiras que ocultan o engañan, son simplemente actos de amor para evitar el dolor, la molestia en el otro o para animarle cuando lo necesita.

Las mentiras piadosas dentro de la parejas existen, y si no, mira las que te cito a continuación y dime si nunca has dicho alguna de ellas. ¿Vamos a ello?

No importa, amor…

Sí que importa. Era tu prenda favorita, el auto de tus sueños, tu taza del alma sin la que no puedes tomar café. Pero, sin querer, tu tesoro ha resultado dañado porque tu pareja tuvo un accidente, lo dejó caer o se ha encogido en la lavadora cuando quería darte la sorpresa de que estuviera listo para ti. ¿Qué es más importante? ¿Tu tesoro o su carita de consternación? Pues eso, claro que no importa, solo quieres que sonría de nuevo… aunque te duela el estómago mientras recoges los pedazos y piensas dónde encontrar algo que sustituya lo que se rompió.

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No me parece…

No te parece que necesite una ducha, que su pelo sea un desastre, que hay que cambiar el guardarropa o que sí que le sobran unos kilos. No te parece nada de eso cuando te mira y te pregunta «¿No te parece que…?» ¡Si no desea hacerlo, a ti te parece estupendo! Aunque, por si acaso, le regales un sweater nuevo, traigas a casa ese nuevo gel de manzana para la ducha o le digas lo bien que está con ese nuevo corte de pelo cada 6 meses…

¡Qué rico está esto!

El brócoli te da náuseas desde que tienes uso de razón, la carne te repele, no entiendes lo de la leche de soja o las grandes cadenas de comida rápida te espantan… pero tu pareja te cocina justamente eso. Mira sus ojos iluminados y el desastre en la cocina detrás, con horas de esfuerzo llenas de eso que detestas. ¿Qué le vas a decir? ¡pues eso, ¡qué rico está esto! Hasta quizá sea cierto…

No existen los olores del baño, los gases, los eructos ni las zapatillas nauseabundas

Porque te vuelves ciego, sordo y sin nariz. Después de todo, lo que viene del otro no es lo mismo que lo que hacen los demás. Un gas en la cama o en el sofá se convertirá en MUTE, nunca habrá sucedido. El baño siempre estará impecable después de que el otro lo use, aunque tengas un ambientador escondido para tal fin… y esas zapatillas… dormirán en el balcón y asunto arreglado. ¿No?

No te molesta para nada esa peculiaridad suya…

Está bien, es un poco extraño que tenga que dar tres vueltas alrededor de la cama antes de acostarse, o que las cucharas vayan boca a abajo en el cajón… ¿y qué decir de comer algo salado después del postre? Pero forma parte de quién es y, aunque la primera vez te quedaste sin habla, sabes que tú también tienes tus «cosillas».

Es la primera persona que amas

Ojo, que esto no es mentira. Tu pareja es la primera persona que amas de esta forma. Puede que haya habido otras en el pasado, pero no como él/ella. La persona que amas es esta a la que le dices mentiras blancas, en la que piensas todo el tiempo, con la que quieres amanecer cada día. Y ESO no es una mentira ni piadosa ni blanca. es la pura verdad.

Eso, mentiras blancas que, en realidad, solo dicen lo mucho que amas a tu pareja y lo poco que te importan esas minucias suyas. Le amas por encima de todo. ¿O no?

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