
La edad del silencio. La Carreta
La edad del silencio. La Carreta
Por *Eréndira Karina Córdoba
Lunes 19 de octubre del 2026
Hay días para todo, día del taco, del perro, del emoji y hasta del calcetín perdido. Pero el 18 de octubre se conmemoró el Día Mundial de la Menopausia, una fecha que pasa casi desapercibida porque en una sociedad obsesionada con la juventud, envejecer sigue siendo un tema incómodo. Y si quién envejece es una mujer, peor.
Resulta curioso, durante décadas se les exige a las mujeres ser madres, cuidadoras, profesionales, esposas, emprendedoras, activistas y atletas emocionales de alto rendimiento. Pero cuando llega una etapa natural de su vida, la conversación pública desaparece. Como si los bochornos, los cambios hormonales, el insomnio, la ansiedad y las transformaciones físicas fueran una especie de secreto vergonzoso que debe vivirse en silencio.
La menopausia no es una enfermedad. Es la prueba irrefutable de que una mujer ha sobrevivido a décadas de exigencias, responsabilidades y batallas cotidianas; sin embargo, muchas terminan enfrentándola con más información de TikTok que de su médico, porque el sistema de salud, las empresas y hasta las familias siguen tratando el tema como si fuera un asunto privado que no merece atención.
Paradójicamente, vivimos en tiempos donde todo se etiqueta como inclusión. Hay programas para todo tipo de diversidades, campañas de sensibilización para cualquier causa imaginable y manuales completos sobre cómo hablar de cada tema, cuando se presenta el tema de la Perimenopausia y sus cientos de síntomas y consecuencias, aparece el silencio, la nula empatía e incluso chistes de mal gusto.
Millones de mujeres atraviesan la menopausia sin apoyo laboral, emocional o médico suficiente. Lo que me lleva a pensar que quizá el problema no sea hormonal. Quizá sea cultural.

Porque mientras la sociedad celebra la juventud eterna, también castiga cualquier señal de envejecimiento. A las mujeres se les vende la idea de que deben ocultar arrugas, teñir canas y combatir el paso del tiempo como si fuera un enemigo. La menopausia entonces no aparece como una etapa de la vida, sino como una derrota frente al espejo.
Y ahí es donde está la verdadera trampa. La menopausia no marca el final de nada importante. Lo que debería terminar es la costumbre de invisibilizar a las mujeres justo cuando más experiencia, carácter y libertad acumulan. Porque después de décadas complaciendo expectativas ajenas, muchas descubren algo incómodo para el sistema: ya no están dispuestas a pedir permiso para existir.
Quizá por eso la menopausia genera tanto silencio. No porque las mujeres pierdan algo, sino porque comienzan a perder el miedo.
Y eso, para una sociedad que siempre ha preferido mujeres complacientes antes que mujeres libres, sigue siendo más revolucionario que cualquier cambio hormonal.
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